Dios y Padre Bueno, te damos gracias por habernos regalado la presencia y compañía del Padre Eduardo, el amigo, consejero, padre, maestro, guía, modelo.

A quien colmaste de las mejores virtudes humanas y lo hiciste espejo de tu rostro, puente y camino seguro hacia tu Amor.

Celebramos su Pascua en la fiesta de Pentecostés y nos hiciste contemplar todos los dones y frutos del Espíritu en su persona, en su cotidiano vivir.

No podía ser otro el día de su partida que el de la memoria de María Madre de la Iglesia, para este hijo preclaro de la Iglesia.

Rogamos y nos gozamos por este su abrazo con el Padre, y te pedimos querido Padre Eduardo que intercedas por nosotros.

 

Posada del Orante
Arquidiócesis de Buenos Aires